El texto habla sobre la concepción
clásica de la belleza artística. Basándose en la figura del
Creador, el arte es un derivado de la belleza natural (e intrínseca
de toda la creación) que eleva el espíritu humano a un estado de
valor puro, absoluto y eterno que lo distingue de lo mundano.
Este estado espiritual de creación
también conlleva la frustración y el tormento, aunque una
satisfacción plena, logrando la salvación a través del arte.



